Un texto para “HIRU”, de Mursego

[La semana pasada colgué aquí la nota de promoción que escribí para el tercer disco de Mursego, Hiru (Bidehuts, 2013). Hoy hago lo mismo con la versión en castellano de dicho texto].

Un día llevé a Maddi, nuestra hija de nueve años, a un concierto de Mursego. Allí se quedó. Y, aunque han pasado ocho meses desde entonces, aún no ha vuelto.

Esto de arriba bien podría ser un microrrelato, un cuento hiperbreve que intenta reflejar la capacidad que tiene la música de Mursego para secuestrarte. Porque estoy convencido que el pop de Mursego es de esos que atrapa: las once canciones de su tercer disco, Hiru [“Tres”], son una buena muestra de ello. Y digo pop, en el sentido más amplio y noble de la palabra: una música, la de Mursego, que bebe del rock, de la vanguardia, de la clásica y del folk (de las más diversas geografías); dicho de otra manera, música popular de aquí y de ahora, porque “aquí” es ya todas partes. Un pop en el que las lenguas se mezclan y el euskera se convierte en un idioma extranjero, el castellano en uno del exilio galáctico y el portugués o el finlandés en (casi) nuestras lenguas maternas. Escuchando Hiru me ha venido a la cabeza que, si en la música vasca ha existido en alguna ocasión verdadero tropicalismo, es aquí y ahora (siempre me ha parecido que los vientos de la vieja “Euskadi Tropical” provenían más bien del norte…).

Hay también otra cuestión que me gustaría remarcar y que las canciones de Hiru comparten con las de los anteriores discos de Mursego, y es que todas cuentan una historia, casi un relato; un aficionado al séptimo arte, sin embargo, destacaría seguramente el carácter cinemático de muchas de ellas. Para los que nos gustan las películas y los cuentos los discos de Mursego son, en cualquier caso, regalos preciosos. Y ya tenemos tres: una pequeña biblioteca.

Y esto me devuelve al final del micorrelato de ahí arriba. Reza así:

Le pongo el punto final al texto de la promo, pulso el botón de stop del lector de CDs y extraigo del mismo el disco de Mursego. Y en este instante me doy cuenta de que alguien llama a la puerta y, sin que haya tenido tiempo de gritar «¡Adelante!», una joven de dieciocho o diecinueve años entra en mi habitación: «¡Papá! ¡Por fin te encuentro! ¿Dónde has estado todo este tiempo?». Y Maddi, mi hija, se abalanza sobre mí para darme un abrazo.

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Utzi erantzun bat

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